(El Mercurio) Desde el año pasado que la guerra comercial ha dado mucho que hablar, sobre todo después que los aranceles que se impusieron de forma cruzada entre Estados Unidos y China comenzaran a verse reflejados en la economía global y en recortes de proyecciones por parte de diversos organismos internacionales.

A medida que los temores de una desaceleración de la economía del gigante asiático avanzaron, el precio del cobre fue uno de los más castigados, ya que China es el principal consumidor del metal a nivel mundial. Una estimación realizada por el académico de la Universidad Católica, Gustavo Lagos, midió el impacto de la guerra comercial en las exportaciones chilenas y en la recaudación fiscal.

En su análisis, el profesor considera dos escenarios, uno con guerra comercial y otro sin el conflicto, pero con una producción de cobre constante en 5,8 millones de toneladas.

En el ámbito de la recaudación fiscal por cobre (que incluye los excedentes de Codelco y los impuestos de las mineras privadas), argumenta que si el precio promedio del metal hubiera continuado en los niveles de US$ 3,18 por libra en que estaba antes de la entrada en vigencia de aranceles a fines de marzo y no hubiera caído al precio promedio de US$ 2,97 por libra en que finalizó 2018, el fisco habría recaudado casi US$ 1.500 millones más. Es decir, según la estimación de Lagos, en total habría tenido ingresos por cobre de US$ 5.785 millones versus los US$ 4.313 millones que habría obtenido el Estado en el ejercicio recién finalizado.

“Este último es un escenario muy conservador porque lo más probable es que el precio habría seguido subiendo, sobre todo tomando en cuenta que los inventarios en bolsa durante el año 2018 se derrumbaron desde 900 mil toneladas a poco menos de 400 mil toneladas”, explica Lagos en su análisis.

Con las exportaciones chilenas sucede algo similar. Según las cifras dadas a conocer el lunes por el Banco Central, las exportaciones de cobre cerraron el 2018 en US$ 36.495 millones. En el escenario sin guerra comercial que propone el académico de la Universidad Católica, estas habrían sido del orden de US$ 39.538 millones, un 8,3% superior.

Actualmente, China y Estados Unidos se encuentran en una tregua arancelaria por un plazo de 90 días que culmina el 2 de marzo. En el intertanto, las delegaciones de ambos países se encuentran negociando en China para intentar resolver la disputa que comenzó formalmente el 8 de marzo cuando el Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció aranceles de 25% y 10% sobre las importaciones de acero y aluminio, respectivamente.

El académico de la UC se mantiene optimista en que ambas potencias llegarán a un acuerdo. “Creo que Trump no se puede dar el lujo de seguir en esto porque le va a costar muy caro en términos de crecimiento, de confianza en el mercado, etc. Hay demasiados antecedentes para decir que la guerra comercial es una mala idea. Creo que va a buscar un acuerdo parcial, estoy optimista de que se va a encontrar algo”, sostiene Lagos.

Hasta ahora las conversaciones entre las primeras economías del mundo han sido recibidas como positivas por el mercado. Luego de que la semana pasada se conocieran datos negativos sobre la actividad de las fábricas de China, el cobre ha logrado repuntar y ya acumula tres jornadas al alza en que sube 1,61%. Ayer subió levemente 0,25% hasta los US$ 2,68 por libra.

Hacia adelante, Gustavo Lagos detalla que hay tres elementos que podrían provocar un alza en el precio. En primer lugar, menciona el final de la guerra comercial o que haya un acuerdo parcial. También recalca el paquete de estímulos que aplique China en su economía, y la tercera es que efectivamente los inventarios sigan bajando, lo que podría presionar el precio. “Cualquiera de esos tres elementos podría provocar la subida del precio, por lo menos para aliviar la presión actual. Ahora, la inversión se está dando, pero eso puede tomar mucho tiempo; entonces, no va a ser una diferencia en el corto plazo”, dijo Lagos.