(Pulso) Aquí, Sougarret habla del legado de los 33 en su carrera y de su relación con el Presidente Sebastián Piñera, además de precisar que no está pensando en volver a Codelco, pese a que su nombre aparece como un posible reemplazo de Nelson Pizarro.

Con terno y corbata se suele ver a André Sougarret por las céntricas calles de Santiago. Algo que le ha costado adoptar, dice hoy el actual vicepresidente de la Enami. Hace poco más de un año, su día a día transcurría en los subterráneos pasillos de la mina El Teniente, en Rancagua.

Pero hoy su nuevo cargo como líder de la empresa estatal que fomenta a la pequeña y mediana minería lo tiene más con los pies en el concreto que en la tierra.

Sougarret sabe que el desafío que tiene por delante no es menor, pues el mensaje que recibió del propio Presidente Sebastián Piñera, cuando lo llamó para ofrecerle el puesto, fue rentabilizar la empresa, la misma que lleva cuatro años de cifras rojas, luego de un 2014 histórico debido a los malos resultados, escenario que no ha podido superar. “El Presidente me llamó para ofrecerme el cargo, necesitaba una persona de su confianza para hacerse cargo de la Enami”, recuerda el ingeniero en minas de la Universidad de Chile.

Los desafíos para Sougarret son parte de su currículum. En el año 2010 fue uno de los grandes protagonistas del rescate de los 33 mineros de la mina San José, los que estuvieron 70 días a más de 700 metros de profundidad y donde todos salieron con vida, en una maratónica transmisión que no solo tuvo a todos los chilenos atentos, sino que también a la prensa internacional. Por eso, no fue extraño verlo llorar cuando, luego de dos meses de intenso trabajo, salió desde las profundidades de la mina el primer minero rescatado. “Hasta el día de hoy sigo en contacto con algunos de los mineros, reuniones que dejamos en el ámbito personal”, cuenta.

Dos años después llegó a Antofagasta Minerals a rentabilizar Esperanza, la millonaria inversión del Grupo Luksic que tuvo una serie de problemas por la innovación de usar agua de mar en sus instalaciones. “Mi tarea fue hacer que el activo que se realizó en la empresa rindiera los frutos esperados”, recuerda el entonces gerente general de Esperanza.

Y ahora está a cargo de la minera estatal con una misión clara: que no se convierta en un lastre para el Estado. “Acá está en cuestionamiento qué pasaría si la Enami no existiese, qué pasaría con la mediana y pequeña minería en un escenario donde los grandes siempre tendrán una ventaja sobre los más pequeños. La Enami juega ese rol siempre que no se convierta en un lastre para el Estado. Sin duda que cualquier gobierno va a querer mantener esta actividad, sobre todo porque hay regiones en el país que viven de la minería”, reflexiona.

¿Pero hasta cuándo puede aguantar el Estado la situación crítica de la compañía? Sougarret es enfático en cuanto a que en estos seis meses se ha dedicado a mejorar los números de la compañía. La Enami terminó el 2017 con pérdidas por US$ 50 millones y durante el primer semestre del año la cifra roja llegó a US$ 15 millones. “Lo que andamos buscando, y es parte de lo que he hecho en estos seis meses, es cambiar los números y mejorarlos año a año para equilibrar las cifras de la Enami”, recalca.

La fórmula que está diseñando para eso es licitar pertenencias mineras, lo que podría ser vía contratos con medianos mineros cuyas instalaciones colinden con las de Enami, o bien buscar una sociedad similar a la que hoy tiene con Teck para el 55% de las pertenencias mineras que Enami posee en la alta cordillera. En total, esta cuenta con 350 mil hectáreas de propiedades mineras. Y su meta es que todo este proceso ya dé sus frutos en los próximos dos años, cuenta el vicepresidente ejecutivo.

El legado de los 33

Cuando Sougarret habla de minería, no lo toma a la ligera. Viene de una familia ligada a la industria. Su tío fue presidente del Instituto de Ingenieros de Minas desde 2008 hasta el año 2012, cuando falleció. Uno de sus hermanos también está vinculado con la minería, de hecho, trabaja en Codelco y tuvo que cambiarse de operación cuando André asumió la gerencia general de El Teniente, en abril de 2017.

Estuvo 20 años en Codelco, siempre en El Teniente, y cinco años en Antofagasta Minerals. Luego, volvió a la estatal para cerrar el ciclo, después de haber decidido salir -indica- debido a la alta exposición pública que en ese minuto tenía, lo que dificultaba que su mente estuviese 100% en los quehaceres de la faena.

“Se me hizo muy difícil seguir trabajando en Codelco, por la exposición pública”, recuerda. Añade que hasta las actividades familiares eran difíciles de realizar. “Me costaba salir a Rancagua a hacer mis actividades cotidianas y justo se me ofreció ir a resolver un problema importante en Antofagasta Minerals, que era la puesta en marcha de Esperanza. Eso cambiaba mi ámbito de trabajo y me quitaba exposición. Por eso tomé la decisión de irme”, relata.

También tuvo muchos viajes al extranjero para hablar del rescate, charlas que concentró en exposiciones relacionadas con la minería, en seminarios y congresos, nada relacionado con la farándula a la que se vieron expuestos los 33 rescatados. Señala que la pregunta que más le hacían era: ¿Cómo se armó el equipo para lograr ese objetivo tan complejo? “Usando otro tipo de habilidades, habilidades más blandas que las técnicamente más duras”, responde hoy.

Me imagino lo difícil que debieron ser en ese momento sus conversaciones con el Presidente Piñera, dada la presión y la exposición pública que tuvo el rescate. ¿Hoy son cercanos con el Mandatario?

– Nos hemos reunido en algunas ceremonias recordatorias post 33, pero fuera de eso nunca hicimos contacto. Obviamente, él sabe quién soy y me llamó para ofrecerme trabajar acá en la Enami”.

Añade que “ese momento que vivimos (preparación del rescate) fue muy intenso. La verdad es que uno siempre tiene que hablar con lo que sabe y no crear falsas expectativas. Hay que decir los riesgos y las oportunidades y saber decir adecuadamente lo que va sucediendo. Todo eso, por un lado, va generando confianza y va distendiendo un poco la relación con la autoridad, sobre todo en ese momento tan intenso, como fue el caso del rescate”.

Codelco: “No es algo que esté pensando”

¿El nivel de confianza que tiene depositado Piñera en usted podría incluir impulsar su nombre para Codelco como sucesor de Nelson Pizarro?

– Al presidente ejecutivo de Codelco no lo nombra el Presidente, sino el directorio. Me imagino que ellos tendrán algún criterio para buscar a la persona adecuada cuando Nelson decida irse”.

Agrega que volver a Codelco hoy no es una cosa que esté “pensando continuamente”. “La verdad es que estoy contento en lo que estoy haciendo en la Enami”, recalca.

Pero su nombre ha estado sobre la mesa, así como el de otros altos ejecutivos del sector minero. ¿Es atractivo dirigir una empresa como esa?

– Por supuesto. Codelco es una gran empresa y para cualquier ejecutivo del ámbito minero es una posibilidad cierta, pero no es una cosa que esté buscando en mi desarrollo futuro”.

Sobre el futuro de esa minera, señala que las decisiones que se han tomado en relación al proyecto Chuqui Subterránea son las adecuadas. “Los desafíos técnicos de llevar adelante una mina subterránea requiere profesionales adecuados y ahí están, porque muchos de los profesionales que están en Chuqui provienen de El Teniente y es gente que sabe del tema”, indica.

En relación a sus desafíos de inversión, recalca que “Codelco siempre será difícil por el tamaño, por la exposición que tiene para las finanzas públicas y por los desafíos técnicos que tiene. Hoy están sus proyectos estructurales y, además, el poder hacer que sea una empresa rentable y sostenible en el tiempo”.

El futuro de la fundición

Volviendo a Enami, sostiene que el otro desafío que debe enfrentar dice relación con el futuro de Paipote, el que será analizado en diciembre con el directorio de la empresa. La fundición hoy está avanzando en las innovaciones para cumplir con el DS 28, relacionado con la nueva norma de emisiones de las fundiciones en Chile, pero hay que hacer una modernización mayor.

“En diciembre termina la factibilidad y vamos a poder dimensionar tanto técnica como económicamente qué hacer para la modernización de la fundición actual”, adelanta. Añade que la firma mantiene los contactos con los inversionistas chinos que la antigua administración, liderada por Jaime Pérez de Arce había iniciado para este mismo proyecto. “La estrategia de financiamiento será el gran tema futuro que tendremos que conversar. Ya estamos recibiendo distintas opciones para poder hacer el financiamiento. Eso lo vamos a discutir al interior del directorio”, señala.

En relación al debate que se abrió en torno al futuro de las fundiciones, debido al problema de contaminación de Quintero, Sougarret estima que el problema en esa zona está adelantando las conversaciones que tienen que realizarse en relación a cómo compatibilizar la actividad con el medioambiente y las comunidades. “Creo que (el negocio de las fundiciones) es posible hacerlo. Pero lo que hay que ver es cuántos recursos son necesarios para que esto sea compatible”. Añade que, por lo menos, desde el punto de Paipote, “es posible concordar una actividad productiva con el cuidado con la salud de la población”.