(El Mercurio) Estados Unidos y China son los principales socios comerciales de Chile. Cuatro de cada diez dólares que nuestro país vende en el exterior van a uno u otro mercado. Y ambos están ahora inmersos en una guerra comercial que pone en riesgo la mejoría en los precios de productos clave para Chile, como el cobre y también la recuperación de la economía mundial en su conjunto, señalan ministros, académicos y empresarios.

En una economía tan abierta como la chilena y con socios comerciales de tanto peso, la tensión entre Washington y Beijing es parte de la preocupación de La Moneda. El titular de Agricultura, Antonio Walker, señala que el Presidente Piñera instruyó a los ministros monitorear el efecto de esta lucha de gigantes, porque puede suponer una eventual desaceleración de la demanda de productos que Chile exporta. Hasta ahora, la guerra se ha sustentado en las medidas de alza de aranceles del Presidente Donald Trump para el aluminio (10%) y acero (25%) a inicios de marzo, así como un aumento de la tarifa aduanera para los bienes tecnológicos procedentes de China de 25%.

Los efectos de las medidas son variados. En el corto plazo, los expertos alertan de una alta volatilidad en los commodities . George Lever, gerente de estudios de la Cámara de Comercio de Santiago (CCS), agrega que a ello se suma el desvío a otros mercados de los artículos afectados con el alza de los aranceles, generando sobreoferta y menores precios. Pero lo más preocupante es, a su juicio, la espiral proteccionista que se inicia y podría afectar el comercio mundial, así como la economía global en su conjunto.

El cobre, el principal producto que Chile vende tanto a China como a Estados Unidos, ya ha sufrido los efectos de estas arremetidas, que aún no se concretan del todo. Joaquín Villarino, presidente del Consejo Minero, señala que una guerra comercial implica «una menor actividad económica global que afecta la demanda por commodities , entre ellos nuestras exportaciones de minerales». Y agrega: «una manifestación de ese efecto fue la caída del precio del cobre que vimos en estos días».

«En la medida en que esto persista, y eventualmente se profundice, es probable que lleve a las empresas a revisar sus planes de inversión», alerta el representante de las grandes mineras de Chile.

«El anuncio de restricción de importaciones de Estados Unidos respecto de China, comunicado el 22 de marzo, podría generar una situación de alta volatilidad e incertidumbre en muchos sectores y países», señala a su turno el ministro Walker, quien adelanta que puede generarse un efecto bumerang. «Si bien el anuncio de Estados Unidos es solo en acero y aluminio, es probable esperar una reacción de China imponiendo restricciones a importaciones en rubros importantes, como la soya y algunas carnes», agrega.

Además, la reacción de China afectará a otros productos que exporta Estados Unidos a ese país y que debería reasignar a otros mercados. «Eso puede tener repercusiones en el corto y mediano plazo que como ministerio tenemos que ser capaces de monitorear y anticipar», sostiene.

Direcon: presiones proteccionistas en el mundo

La guerra comercial trae aparejada otro riesgo: que el levantamiento de barreras al comercio sea global. El director de Relaciones Económicas Internacionales (Direcon) de la Cancillería, Rodrigo Yáñez, alerta sobre «las presiones proteccionistas que cada vez con más fuerza surgen en el mundo».

Y es que Chile, destaca, es una de las economías más abiertas en el planeta: tiene 26 acuerdos comerciales con 64 mercados, que representan el 64,1% de la población mundial y el 86,3% del PIB global. Por eso, la Direcon señala que de desencadenarse una guerra comercial que afecte los intereses de Chile «activaremos todas las medidas necesarias para resguardar nuestros intereses comerciales», sostiene Yáñez.

Dado que China y Estados Unidos son, respectivamente, el primero y el segundo socio comercial de nuestro país, «Chile no estaría indemne de los efectos de un impacto negativo en el comercio mundial», afirma el titular de la Direcon.

Osvaldo Rosales indica que esta arremetida se produce justo cuando las principales economías mundiales -Estados Unidos, China, Japón, Europa, entre otras- muestran una sincronización en su crecimiento económico.

Ex jefe de la diplomacia económica chilena alerta que anuncios de Trump afectarían a 6,5 millones de empleos en el mismo Estados Unidos

«La frase que planteó Donald Trump de que las guerras comerciales son fáciles de ganar refleja un profundo desconocimiento de cómo funciona la economía», subraya Osvaldo Rosales, ex titular de la Direcon cuando se negoció el TLC con China. El experto en comercio internacional precisa que «nadie gana en una guerra comercial, y lo que hace Trump es propio de un enfoque mercantilista, del siglo XVI o XVII, que ve al comercio como un ejercicio de suma cero, donde lo que uno gana, el otro lo pierde, no hay beneficio mutuo, y miden, tal como lo hacían los mercantilistas de hace varios siglos, la potencia de un país en relación a su saldo comercial».

Viéndolo así, los números son poco halagüeños para Estados Unidos, país que tiene déficits comerciales con más de 100 estados, siendo los principales China, Alemania, Japón, Canadá y México, entre otros, explica el ex diplomático. Además, China es el principal acreedor financiero de Estados Unidos, alerta.

Rosales cree que «lo que está haciendo Trump es una muy peligrosa jugada de póquer, porque él amenaza inicialmente con elevar los aranceles al aluminio y al acero, urbi et orbe , pero después señala que el Nafta (Canadá y México) van a quedar excluidos transitoriamente; Corea del Sur lo mismo, mientras se renegocia el TLC, y Europa también está excluida mientras negocia el aumento de financiamiento en la OTAN…». Es, a entender del ex Direcon, una forma peligrosa de mezclar intereses militares con la política interna.

En todo caso, señala que aparentemente habría negociaciones en la trastienda entre China y Estados Unidos, «y es posible que esta decisión se vaya morigerando en el tiempo».

En el caso de la sobretasa al acero y al aluminio, su diagnóstico es que con la medida, Estados Unidos va a perder competitividad, porque los bienes que utilizan acero y aluminio como insumo son mucho más importantes en la industria estadounidense que las propias industrias del acero y el aluminio. «Las empresas perderán competitividad y los consumidores norteamericanos tendrán productos de mayor precio: en el agregado habrá más despidos que contratación de mano de obra», alerta. En cifras, la industria del acero en Estados Unidos genera 305 mil empleos, pero las empresas que lo utilizan como insumo -industria automotriz, energética, equipos, maquinarias, transporte, electrónica, etc- generan 6,5 millones de puestos de trabajo.

«Más allá de lo que haga o diga Trump, hay un tema objetivo, que es la sobreproducción de acero, aluminio, vidrio, cemento y otros de China. Lo paradójico de esto es que justamente 15 días antes de que Trump anunciara estas medidas, se estaban reuniendo en Washington autoridades de Japón, Europa y EE.UU. para buscar fórmulas conjuntas de abordar este tema. Y sin embargo, Trump optó por la opción unilateral, que es tremendamente riesgosa. «Acá hay peligro para el comercio y la economía, pero el mayor peligro es para la democracia», sentencia.

Y para una economía pequeña y abierta al exterior como la chilena, cualquier disrupción en los flujos globales genera un daño importante, concluye Rosales.