(Pulso) Con una ventaja mayor de la esperada -incluso por el propio candidato ganador y su comando- Sebastián Piñera logró una sólida victoria en la segunda vuelta presidencial y regresará a La Moneda por cuatro años más.

Ni los claros gestos que hizo en la recta final el Gobierno y la propia Presidenta, Michelle Bachelet, a favor del candidato oficialista, Alejandro Guillier; ni la visita para el cierre de campaña del ex mandatario de Uruguay, José “Pepe” Mujica; ni los apoyos de figuras del Frente Amplio a la carta de la Nueva Mayoría durante la última semana de la carrera presidencial; lograron impedir el triunfo del abanderado de Chile Vamos, además, con una mayor participación que en la primera vuelta.

La estrecha diferencia que pronosticaban los “expertos” no fue tal, y fueron más de 635 mil los votos de distancia que permitirán que en marzo del próximo año, y como Déjà vu de 2010, Bachelet deba entregar nuevamente la banda a Piñera.

La “unidad” como bandera

Pese al eventual empoderamiento que pudo haberle entregado el macizo triunfo – como el propio Guillier sostuvo – con una votación de casi 3,8 millones de chilenos, Piñera en su discurso en la Alameda frente a miles de adherentes, sostuvo que tomaba el resultado con “humildad” y apuntó a la unidad y a los acuerdos como elementos claves de su futura gestión.

El mandatario electo tiene muy claro que deberá enfrentar un Congreso que, debido al nuevo sistema electoral, estará muy fragmentado y donde cualquier proyecto que impulse necesitará de votos que estén fuera del marco de Chile Vamos para poder materializarse.

“Tenemos que unirnos más que nunca”, fue una de las frases que utilizó el futuro mandatario ayer y que antes ya había recalcado en su mensaje de cierre de campaña. El propio Sebastián Piñera invitó tanto a su contendor como a la Presidenta – con quien mantuvo un contacto telefónico y se reunirá hoy- a ayudar al éxito del Gobierno como una proyecto para el país.

Al menos en las palabras, Piñera indica como horizonte el conseguir ciertos consensos, en negociaciones que no serán fáciles debido a una oposición que no será homogénea y que tiene además sus propios problemas. El desafío será complejo e inédito para la nueva administración.

¿De dónde salieron los votos?

“En la primera vuelta obtuvimos menos votos de los que creíamos y en la segunda vuelta más de los que esperábamos”, dijo el propio mandatario tras recibir los saludos de su contendor.

Sin saber con certeza quiénes fueron los que votaron por el ex Presidente para su holgada victoria, lo cierto es que hay varios elementos que pudieran dar luces de ello.

El factor Manuel José Ossandón pudo haber tenido cierta influencia. Por ejemplo, si el pasado 19 de noviembre el ahora electo Presidente obtuvo el 26,53% de los votos en la comuna de la cual fue alcalde el senador, ayer el respaldo a Piñera subió 20 puntos porcentuales llegando al 46,84%. En esa comuna, evidentemente, no todos los votos que obtuvo la candidata del Frente Amplio, Beatriz Sánchez, se traspasaron a la carta oficialista.

También, se puede interpretar – insistiendo que hoy es imposible tener certeza desde donde llegaron los votos- que la gran mayoría del 7,93% de los sufragios que obtuvo José Antonio Kast en primera vuelta fueron hacía Piñera.

Y si bien varios, sobre todo en las redes sociales donde incluso el conglomerado fue tendencia , responsabilizaron a la “ambigüedad” del respaldo del Frente Amplio a Alejandro Guillier como uno de los responsables de la derrota del senador independiente, en el emergente bloque no descartaron que el votante DC que apoyó a Carolina Goic con un 5,88%, no fuera a votar en masa por el legislador.

De hecho, también en la Nueva Mayoría hay quienes señalaron, como el senador electo José Miguel Insulza (PS), que el triunfo de Piñera se debió a que éste logró quedarse con los votantes de “centro”. Aquellos, que en un balotaje polarizado habrían apostado por un figura cuyas propuestas habrían generado menos temores y más certezas.

El peor de los escenarios

En la otra vereda, el discurso de Guillier tras reconocer la derrota de ayer fue claro: “Chile ha dado una señal”.

El senador fue autocrítico respecto a la “dura derrota”, y por muchos de su sector no esperada – al menos en la contundencia de los números, en la elección de ayer. Asimismo, el legislador hizo un llamado a su coalición a aprender de lo ocurrido en la jornada del domingo y los invitó a un “momento de reflexión” y de búsqueda de “mejores camino”.

Si bien Alejandro Guillier aseguró que Piñera supo recoger “muchas de nuestras banderas” y que lo de ayer fue una derrota electoral y no política, pidió defender las reformas de este Gobierno, renovar los liderazgos y la unidad en el progresismo.

No obstante, la noche triste de ayer en el oficialismo no entrega muchas luces positivas para el futuro del conglomerado. A partir de hoy podría empezar lo que se denomina “la noche de los cuchillos largos” y las “pasadas de cuenta” en el sector por los errores de campaña. Incluso, tampoco está asegurada la continuidad del bloque.

El fracaso de Bachelet

La derrota de Guillier ayer, trajo como consecuencia también una dura caída para Michelle Bachelet y su Gobierno. En las últimas semanas desde el Ejecutivo se jugaron varias cartas por el abanderado oficialista pero, sin embargo, la Presidenta será sucedida una vez más por un representante del otro bando -es más, el mismo nombre- y la continuidad de sus reformas se ponen en duda.

Bachelet, cuyo discurso tras la primera vuelta fue que la ciudadanía le había entregado un espaldarazo a las iniciativas impulsadas en su administración, luego del resultado de ayer quedó en mal pie. Varias de sus iniciativas no están terminadas- nueva Constitución y reforma al sistema de pensiones, por ejemplo- y probablemente en el futuro Gobierno no verán la luz, al menos en la línea que ella buscaba. Tampoco se puede saber hasta que punto la votación de Piñera de ayer no representó un rechazo a la gestión de Michelle Bachelet. La defensa de su “legado”, sin lugar a dudas hoy se hace más compleja. También se hace difícil lograr impulsar en lo poco que queda de trabajo legislativo iniciativas relevantes.

Con todo, ahora Piñera empieza la etapa para conformar su nuevo gabinete -aunque la mayoría de los nombres ya están en carpeta – mientras Bachelet buscará cerrar bien Gobierno, defendiendo el legado y sus últimos proyectos. Así el 11 de marzo habrá traspaso de mando, en algo bien parecido a un Déjà vu.