(Pulso) Mayor flexibilidad. Ése es el espíritu de los cambios realizados hace unas semanas al G4, el actual estándar del Global Reporting Initiative (GRI), que se utiliza a nivel mundial para elaborar los reportes de sustentabilidad de las empresas.

Si bien la actual versión data de 2013 y se considera obligatoria desde 2015, pasó sólo un año para esta renovación. Esto, explica Ingrid Koch, gerente de operaciones de Centro Vincular PUCV y experta en materias de reportabilidad, se explica porque la idea es que no haya que publicar nuevas versiones tan seguido, sino sólo cambiar ciertos aspectos menores cada cierto tiempo. “Lo principal es que las empresas que se adscriban a este modelo lo hagan enfocándose en sus principales temas de sostenibilidad”, agrega Ingrid Koch.

La actualización define tres áreas obligatorias para todas las organizaciones que quieran reportar. Estas son la “Fundacional”, referida a la definición inicial acerca de cómo se utilizan los estándares; la “Declaración” de los indicadores generales (por ejemplo, informes financieros, indicadores, etc.); y la de “Gestión”, donde se indica la forma de gestionar los estándares y cuáles serán los temas más importantes para la empresa. En otras palabras, lo que se denomina como “materialidad”.

En este último punto es donde las compañías tienen ahora 33 normas específicas sobre diversos temas en el área social, ambiental y económica, donde puede ahondar cuánto quiera. O sea, la actualización le ayuda a poner foco en lo más importante para la entidad en materia de sostenibilidad. En este grupo, hay por ejemplo sub áreas de agua, energía, biodiversidad, seguridad y salud, no discriminación, privacidad del cliente, comunidades, locales, etc.

En esa misma línea, las modificaciones al G4 están relacionadas con un cambio en la nomenclatura con el fin de “hacer que el lenguaje utilizado en los reportes de sostenibilidad y las definiciones, sean más sencillas. También mejoró la presentación de los requerimientos y se estableció explícitamente aquello que es obligatorio de reportar y aquello que es recomendación o sugerencia”, indica Ignacio Larraechea, gerente general de Acción Empresas.

En el fondo, uno de los principales objetivos del GRI es que más empresas utilicen el estándar. Por ejemplo, según una investigación realizada por varias entidades de fomento a la sostenibilidad de América Latina, en colaboración con el World Business Council for Sustainable Development (WBSD), indicó que en 2015 un 85% de los reportes de sustentabilidad de casi 200 grandes corporaciones de la región, estaban bajo GRI, de los cuales, la mayoría lo realizó con G4.

Y una de las principales conclusiones fue que: “la materialidad a menudo no se refleja en el contenido del reporte y la conexión entre el desempeño de sostenibilidad y la creación de valor tiene que ser más explícita”. Lo que se quiere lograr con la actualización es justamente que se reporte de forma más veraz y no sólo por cumplir.

Según Koch, también hay varios ajustes en cuanto a ciertos términos, para evitar confusiones y que todo sea aún más claro. “Por ejemplo en varios lugares se cambia la palabra ‘requisito’ por ‘recomendación’, pero quizá uno de los cambios más clave es con respecto a los límites que debe tener una empresa con respecto a los impactos que produce, los cuales pueden ocurrir en cualquier parte de la cadena de valor”, dice la académica de Centro Vincular y aclara: “Pero lo fundamental es que el análisis de materialidad sigue siendo el eje”.

Por su parte, Larraechea apunta a que desaparece el requerimiento de mostrar el índice GRI a través de una tabla prefijada, “permitiendo con esto mayor libertad a las organizaciones, aunque se mantiene la solicitud de preparar un índice que haga referencia a los contenidos de los estándares GRI”, comenta el gerente general de Acción.

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