(Diario Financiero) Poco más de dos horas toma ir desde el centro de Punta Arenas hasta el corazón de Mina Invierno, el proyecto de carbón de Ultramar y Empresas Copec ubicado en Isla Riesco.

A un año desde que se declaró el inicio de la operación, la empresa ha dado pasos importantes a consolidar su negocio. En estos primeros meses ha conseguido hitos relevantes: el pasado jueves, por ejemplo, recibió al barco número 50, para ser cargado con carbón magallánico, el que en esta oportunidad tiene como destino países de Europa.

A la fecha completan más de 4 millones de toneladas de carbón extraído y en 2014 esperan alcanzar del orden de 4,5 millones de toneladas, producción que esperan incrementar de acuerdo con la expansión de la demanda.

“Estamos bastante satisfechos con los resultados de la operación del primer año, aunque por supuesto hay un proceso de puesta en marcha, donde gradualmente nos iremos acercando a la capacidad de diseño, en torno a los 5,5 millones de toneladas de carbón por año”, explica Sebastián Gil, gerente general de Mina Invierno, quien asumió en febrero.

Dentro de este ramp up, fundamental será que más clientes nacionales comiencen a comprar el mineral sub bituminoso, cuya capacidad calorífica bordea las 4.100 kilocalorías. Hoy, centrales termoeléctricas de Guacolda, de AES Gener y de E-CL lo utilizan mezclado con combustible de tipo bituminoso procedente, generalmente, de Colombia.

“En la medida que las distintas unidades generadoras vayan probando nuestro carbón, la demanda por el producto irá aumentando. En función de eso, deberíamos alcanzar la capacidad de diseño”, agrega Gil.

El ejecutivo dice que hay posibilidades para colocar este carbón en las nuevas fases de Guacolda o en la central Cochrane, en construcción. También podría quemarlo el proyecto de Endesa Punta Alcalde. La eléctrica ya es cliente de la minera y consume carbón de Magallanes en España.

En estos primeros meses un 65% de la producción de Mina Invierno salió del país, porcentaje que se reduciría a un 50% este año, aunque por razones de costos asociados, el objetivo es que el 70% del carbón que producen se quede en el país.

“Desde el punto de vista del precio nuestro carbón es muy competitivo para los generadores nacionales. Es atractivo para ellos porque les ayuda a tener un menor costo de producción y esto repercute en la tarifa. También se da una combinación virtuosa al mejorar la combustión y, en términos ambientales, su bajo contenido de azufre ayuda a reducir las emisiones”, explica Gil.

Impacto regional y nacional

En Mina Invierno dicen que este carbón es un aporte a nivel nacional. No sólo porque es competitivo y ayudaría en el tema de costos, sino también porque al reemplazar importación de carbón, genera beneficios en materia de independencia energética y seguridad de suministro.

Además, en materia de impactos ambientales, es compatible con las nuevas normas de emisión y, a la vez, el proyecto se hace cargo de sus impactos (ver notas secundarias).

La operación -que ha sido cuestionada por algunos grupos- instauró una política de puertas abiertas y colaboración con la comunidad local, comunal y regional. Han recibido cuatro mil visitas y han apostado por la mano de obra local, con el 89% de su dotación de Magallanes.

Ganadería a metros de la operación

Uno de los principales reparos que había respecto del proyecto, era que la actividad ganadera de la zona se vería afectada por el paso de camiones de alto tonelaje y el polvo en suspensión. Sin embargo, hoy Mina Invierno, en sociedad con actores locales, tiene 1.200 ovejas y 1.300 vacunos, de donde obtienen 4.000 kilos de lana al año (lo que equivale a una producción pequeña) y cerca de 500 kilos, con corderos de entre 13 a 15 kilos cada uno.

Para la empresa, el que se haya podido desarrollar esto sin inconvenientes lo consideran como un logro, porque en algunas partes las ovejas están a pocos metros del camino por el que transitan los camiones que llevan el carbón al stock pile, sin ningún efecto aparente.

En octubre comienza recuperación de los botaderos y, a fin de año, el «rajo móvil»

Dos hitos importantes tendrá Mina Invierno en los próximos meses respecto a los compromisos que establece su Resolución de Calificación Ambiental (RCA).

Primero, en octubre comenzarán la rehabilitación del botadero Sur, lugar donde acumularon los primeros estériles provenientes del rajo. Esa zona tiene una extensión de 244 hectáreas y en ella probará una fórmula para, primero sembrar una capa de pasto (gramíneas) y, luego, plantar arbustos y árboles nativos, cuya primera etapa de crecimiento realizan en los 1.600 m2 de invernaderos que hay en la estancia. La idea es recrear el paisaje original del lugar.

El segundo hito será el inicio del «rajo móvil». Este concepto se traduce en que, a medida que la explotación del manto de carbón avanza, las zonas que van quedando atrás se rellenan con estériles, luego con una capa vegetal y, finalmente, se plantan especies, al igual que en el botadero.

En principio se pronosticaba que este proceso ocurriría en 2015, pero es probable que se adelante, dependiendo de algunos aspectos de seguridad de la operación.

Mina Invierno es el primer proyecto que considera este sistema de cierre de faenas simultáneo con la operación del yacimiento y no tras el fin de la operación. En todo esto, cuentan con la asesoría de dos expertos: James Burger, de la Universidad de Virginia, Estados Unidos; y de Eduardo Arellano, de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

Es por esto quizás que se le ha puesto dedicación al cultivo de las especies que utilizarán.

Las cuatro naves de invernaderos tienen tecnología francesa para ir desarrollando las especies nativas, principalmente la Lenga. En total, tienen un compromiso de reforestar 520 hectáreas (que equivale a más de un millón de plantas). De ellas cerca de 400 hectáreas están en áreas de compensación aledañas. Esto último, a raíz de que parte de los bosques de Isla Riesco fueron quemados hace ya casi un siglo, cuando llegaron los primeros habitantes a la isla. A la fecha, ya van cerca de 82 hectáreas reforestadas, lo que ha requerido unas 160 mil plantas.