(Pulso) Parte advirtiendo que habla a título personal. Rudolf Araneda, gerente general de GasAtacama -empresa que tuvo gas abundante cuando se importaba desde Argentina, pero que hoy carece de este recurso- piensa que es urgente generar una regulación especial para que este recurso esté en línea con las necesidades del país, que requiere de energía limpia y a precios competitivos.

 

Según su opinión, el actual esquema regulatorio -y sobre todo, la presencia de los generadores en la propiedad de los terminales en Quintero y Mejillones- crea un mecanismo que fomenta la colusión. A su juicio, la estructura de los terminales de GNL configuran un monopolio natural, y por ende debe ser regulado.
«Cuando un servicio resulta relevante para el país y el tamaño óptimo mínimo es mayor o muy cercano al tamaño total del mercado (…) estamos frente a lo que se denomina un monopolio natural. Y un monopolio natural requiere ser regulado, porque eso permite que se traspasen las economías de escala a los usuarios, porque si no es así, el que se queda con las ventajas es el dueño y, a su vez, no se produce la reducción de costos que es la que necesita el país para acceder en forma más barata a ese combustible, lo que indudablemente influye en el costo de la energía eléctrica (…) El óptimo para el país es asegurar mayores grados de competencia y no mayores grados de colusión entre competidores», explica Araneda.
¿Cuál es el mayor riesgo que observa en esta situación?
-Es esencial que la propiedad de los terminales esté totalmente desvinculada de los grandes proveedores y también de los grandes usuarios, porque si no el terminal, en vez de estar concebido para prestar un servicio, pasa a ser un elemento de ventaja competitiva de esos grandes usuarios. Entonces, en lugar de diseñar sistemas de open season que están verdaderamente diseñados para poder otorgar servicios a los clientes, en la práctica se diseñan con un propósito de reforzar la ventaja competitiva del gran actor que forma parte de la propiedad.

 

Chile tiene una experiencia cuando hace algunos años resolvió que el sistema de transmisión no debía estar vinculado a ningún gran generador ni ningún gran distribuidor, sino que a una compañía totalmente independiente, de modo tal que se facilite la llegada de nuevos generadores y, a su vez, la transmisora no tenga ningún inconveniente en darle servicios a clientes que no estén vinculados a su propiedad. Entonces, desvincular la propiedad de un servicio crítico como este es sumamente importante para producir cortes en el ámbito de la integración vertical.

 

¿Cree que el actual esquema es contrario a la libre competencia?

 

-Desde luego. Me parece que no facilita para nada la libre competencia. Pensemos en que si en la zona central algún inversionista quisiera desarrollar un proyecto y abastecer con gas a la industria de la Región Metropolitana: lo que se encontraría es que uno de los accionistas, que es la gran distribuidora de la Región Metropolitana, no va a tener ningún incentivo a facilitar que surja un competidor. Lo mismo ocurre con los generadores eléctricos en el norte y en el sur. Esto justamente refleja que en vez de concebir estos terminales para dar servicios, lo que en la práctica representan es un elemento de ventaja competitiva para los dueños. Eso no es ilegal, sólo refleja la completa falta de una regulación adecuada, una completa incomprensión por parte de las autoridades de que esta situación conduce a un resultado inconveniente desde el punto de vista del país.

 

Pero hay algo peor: no sólo no favorece la competencia, sino que lo que podría ser gravísimo es que los sistemas de oferta a terceros pueden conducir incluso a forzar un acuerdo entre competidores y se favorezca la colusión (…) Si el marco es tan inadecuado como el actual, está poniendo un incentivo completamente desalineado con el interés del país, que es que haya más competencia, que haya más centrales, que haya más gas, y que haya gas más barato. Y lo que está pasando es todo lo contrario.

 

Entonces, ¿los dueños de los terminales de GNL no tienen ningún incentivo abrir el mercado o buscar nuevos clientes?

 

-Ninguno. Porque el gran negocio del mismo dueño está ya sea en la venta de gas o la generación eléctrica. Y el terminal es un medio para que ellos consoliden su posición.

 

¿Cuál debiera ser el esquema? ¿Regulación de tarifa? ¿Cómo se compensaría la inversión que hicieron los dueños en su minuto?

 

-Uno puede asegurar una rentabilidad. Se puede hacer algo similar a lo que se hizo con la transmisión: allí se establece una cierta rentabilidad. Lo mismo con las distribuidoras. Pero hay una gran diferencia: cada vez que alguien construye una torre hay que ponerle la energía necesaria. El distribuidor no saca cálculos del tipo «este tipo está compitiendo conmigo, entonces no le vendo». El modelo de la distribución asegura rentabilidad, pero a cambio de eso tu función es darle servicio a todos. Y si quieren crecer, tienen que crecer. Todo lo que el mercado demande. Y si producto del crecimiento tus costos caen, esa menor tarifa es a favor de los usuarios. Lo que tú tienes asegurado es la rentabilidad. Ésa no va creciendo, es fija. Vas a recuperar todas las inversiones, vas a tener un bonito y rentable negocio, pero las grandes ventajas de las economías de escala la vas a traspasar.

 

En el programa de gobierno de Bachelet se propone agregar demanda para acceder a mejores condiciones. ¿Es una opción?

 

-La agregación de demanda es un tema esencial, porque los terminales americanos se construyen por módulos y cada uno de ellos tiene en promedio 4 millones de toneladas de GNL por año. Eso alcanza para 3.500 MW. Entonces, un módulo es demasiado grande para una compañía. Pero no para el país. Chile necesita 10.000 MW en los próximos diez años. Pero cada una de las compañías estamos buscando gas para 500 MW. Entonces somos muy chicos para un módulo. Somos un cacho para los grandes proveedores. Entonces los que se están quedando con esa producción son los grandes traders de gas y petróleo a nivel mundial: British Gas, BP, etc. Es lo lógico, porque es el mejor negocio de mundo. Pero no basta con eso, porque ahí tienes sólo el menor costo del recurso, pero también tienes que tener el menor costo de transporte y luego de regasificación. Toda la cadena tiene que ser lo más eficiente posible para que el gas tenga el precio más barato y eso permite crear una alternativa competitiva frente al carbón, pero con las ventajas ambientales y con la capacidad de respaldar eficientemente a las energías renovables.  Pero ¿qué es lo que tenemos hoy? A los grandes generadores con permisos de centrales a carbón, y así todo este tema está a contrapelo.